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LA REAL SE AHOGÓ

LA REAL SE AHOGÓ

La Real perdió su primer amistoso en una jugada a balón parado, en un choque típico de pretemporada La presencia de Kovacevic y Aranburu, lo mejor.

El proyecto 06/07 arrancó con derrota en Doncaster. Una anécdota. Más allá del mal gusto que siempre deja perder ante un Segunda B inglés, la Real de José Mari Bakero zarpó ayer con la sensación de que las noticias que fue dejando alrededor de su juego fueron mucho más trascendentales que el juego en sí. Con la espesura propia de quien sólo tiene quince días de preparación en sus piernas, la Real no pudo con la determinación y la ilusión del conjunto local y cuando mejoró, en la segunda mitad, una espectacular tormenta de agua con aparato eléctrico anegó el poco juego que puede tener a estas alturas pero que, sin embargo, parecía suficiente como para poder empatar. La lluvia, en cambio, terminó por ahogar a la Real. Las mejores noticias fueron las reapariciones de Kovacevic y Aranburu y la sensación de que los fichajes pueden aportar cosas interesantes.

José Mari Bakero empleó para empezar la pretemporada un sistema muy cercano a un 4-4-2 en el que las principales novedades las trajeron las caras nuevas y alguna ubicación de medio campo para adelante. El técnico alineó en la primera mitad a tres de sus fichajes -Bravo, Gerardo y Felicio- y al margen de que tuvo que colocar a Cifuentes en la izquierda para hacer hueco a Gerardo como lateral diestro, la defensa tuvo una fisonomía reconocible. El eje de la medular Bakero se lo entregó a Mikel González y Mikel Alonso, con el tolosarra casi de media punta, para disponer de dos delanteros, Cerio y Kovacevic, con Felicio y Novo en las bandas, este último algo más centrado.

El experimento, como es normal a finales de julio, no fue ninguna maravilla y zarpó realmente trabado. A las carencias propias en la condición física de estas alturas de temporada se unió la escasez de futbolistas creativos con el balón y todo ello redundó en una Real excesivamente plomiza y lenta, incluso para un Segunda B inglés como el Doncaster al que su fogosidad y su astucia y fe en la estrategia le bastó para retirarse al descanso con ventaja en el marcador.

De hecho, en la parte final de la primera mitad, al Doncaster le alcanzó hasta para gustarse y, de alguna manera, arrinconar a la Real. El partido, que había nacido igualado con una buena ocasión de Kovacevic tras una mejor maniobra de Díaz de Cerio, que le dio el balón por delante, se fue decantando hacia el lado inglés hasta hacer sufrir a la Real. A partir del minuto veinte a la Real le costó mucho. Antes, bordeando el cuarto de hora, Price ya había tenido una clara ocasión de batir a Bravo pero fue a la media hora cuando un córner bien botado por el Doncaster fue cabeceado, solo, por su capitán, Fenton, después de una peinada en el primer palo. La maniobra defensiva de la Real no pudo ser peor.

Espoleados por el gol, los locales botaron una serie de corners consecutivos que incluso amagaron con el segundo gol sin éxito, aunque con una gran sensación de agobio de la Real. Al equipo txuri urdin le costó mucho sacar el balón y con poca llegada de los laterales, sus intentos languidecieron a un ritmo muy cansino en las botas casi siempre de Alonso o Novo. Nunca pudieron meter una marcha más que provocara una mayor velocidad de balón. Lógico a estas alturas.

Mejor tras el descanso

El equipo mejoró bastante en la segunda mitad. Con una defensa más similar a la del año pasado y que bien podría ser titular (Riesgo, Rekarte, Juanito, Labaka, Garrido) y con un perfil de jugador mucho más interesante de medio campo para adelante, la Real se fue haciendo con el mando del partido.

Rivas comenzó a demostrar lo que puede dar de sí imponiéndose con facilidad en el centro del campo y las combinaciones, sobre todo, de Xabi Prieto y Aranburu, más alguna aparición de Stevanovic y Rossato, fueron suficiente para empezar a arrinconar al Doncaster, al que el cansancio empezaba a ahogar. Quien terminó anegada, sin embargo, fue la Real.

Aunque le estaba costando crear ocasiones, el empate se veía venir. Kovacevic amenazó a Blayney con un buen disparo y el 4-1-4-1 que Bakero empleó en la segunda parte funcionaba. Rivas, de sostén, y Prieto y Aranburu dueños del costado medio derecho -permutando sus posiciones- dominaban el partido.

La recta final del mismo, sin embargo, fue un imposible. Mediada la segunda mitad comenzó a caer una fina lluvia que desembocó en una violenta y feroz tormenta, con aparato eléctrico incluido, que dotó al campo de Belle vue de una velocidad indescifrable para la Real a estas alturas. Imposibles de negociar la posesión con cierto criterio, generar una ocasión fue tarea de chinos para los txuri urdin para solaz de un Doncaster que, con su cansancio como coartada y la climatología como aliada, dedicó los últimos veinte minutos a defender el tesoro del gol de Fenton, entre los animosos cantos de su hinchada. Para ellos era un premio mayor. Para la Real una anécdota que le anuncia que aún hay mucho camino por recorrer

 

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